Se despierta bastante temprano, les da dos besos bien fuertes a su
mujer y a su hijo, toma un desayuno sustancioso, de esos bien
azucarados, y pone rumbo a la oficina en scooter, esquivando el tráfico
de Roma.
Se divierte mirando todas las escenas que se desarrollan en la calle: un
hombre nerviosísimo aguardando a que cambie el semáforo, una mujer que
espera el autobús, una mamá que lleva a su hijo al colegio, un gato que
reclama algo de comer ante la puerta de un bar. Ver cómo se despierta su
ciudad y despertarse con ella. Después, el trabajo, las llamadas
telefónicas, las reuniones. Y a menudo, por la tarde, sale hacia alguna
ciudad para presentar su libro, conocer gente, emocionarme.
Cuando puede, juego también un partidito de fútbol ocho con los amigos,
que nunca hace daño, ¡o se toma una pizza estupenda en los buenos
restaurantes de los que luego habla siempre en los libros!
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