martes, 19 de noviembre de 2013

Biografía.

Federico Moccia (Roma, Italia, 11 de noviembre de 1963) es un escritor italiano, autor de varias novelas de éxito que, a su vez, se han adaptado al cine. Trabajó previamente como director y guionista de programas de televisión hasta conseguir éxito en el mundo literario.


Este italiano, hijo de Giuseppe Moccia, vivió una infancia ligada al mundo del cine gracias a su padre, que fue guionista en varias comedias italianas de los años 70 y 80. Se inició en el mundo laboral de su padre a los 19 años como ayudante del director de Attila flagello di Dio (1982).1 Cinco años más tarde dirigió su primera película, Palla al centro, pero la falta de éxito que tuvo provocó que Moccia escribiera guiones y dirigiera diversas series.
En 1992 escribió A tres metros sobre el cielo (Tre Metri Sopra il Cielo), su primera novela, la cual fue rechazada por varias editoriales y decidió costear una pequeña edición en la editorial Il Ventaglio.
Nuevamente sin éxito, en 1996 escribió y dirigió la película Classe mista 3A y volvió al mundo de la televisión. En 2004, doce años después de su primera edición, Tres metros sobre el cielo se reeditó, fue todo un éxito de ventas e incluso la historia fue adaptada al cine. El libro, que recibió varios premios, se tradujo a varios idiomas y fue publicado en toda Europa, Brasil y Japón.
En 2006 publicó Tengo ganas de ti (Ho Voglia di Te), secuela de la anterior novela, con la que obtuvo tanto éxito que se decidió, de nuevo, adaptarla al cine. Algo similar ocurrió con Perdona si te llamo amor (Scusa ma Ti Chiamo Amore) (2007), cuya secuela es Perdona pero quiero casarme contigo (2009) (Scusa ma Ti Voglio Sposare) cuyo estreno fue en 2010.


lunes, 18 de noviembre de 2013

Después de Esta noche dime que me quieres.

El deseo de imaginar personajes y escenarios es infinito, es más, crece de una vez a otra precisamente gracias a las historias ya escritas, a las experiencias, a los encuentros.

Sigue escribiendo, creando, preparando el terreno para nuevos itinerarios narrativos. Mientras continúe sorprendiéndole, conmoviéndole, buscando la belleza y la simplicidad, emocionándole con una sonrisa sincera, un abrazo inesperado, una flor que crece en el asfalto aunque nadie la mire, mientras le deje llevar impulsivamente por la inspiración y acabe creando una trama que le fascine, tendréis siempre nuevos libros suyos que leer. Porque, como dice Joseph Chilton Pearce, «para vivir una vida creativa debemos perder el miedo a equivocarnos».

Y, a veces, equivocarte puede sencillamente echarte una mano para crecer.

Esta noche dime que me quieres....

En esta ocasión, los protagonistas son más adultos que Babi, Step, Gin, Niki y las Olas, pero en Perdona pero... ya aparecía también Alex, por ejemplo, un cuarentón de nuestros días. Y había padres y adultos en general que abordaban cuestiones del corazón.

Todo adulto ha sido adolescente. Y el protagonista del nuevo libro, Tancredi, ha vivido un trauma que no ha superado, un dolor que se remonta a su adolescencia. Tancredi es guapo, rico, puede tenerlo todo y lo tiene todo. Todo salvo una cosa que su encanto, su habilidad, su dinero no pueden procurarle: el amor. Pero, sobre todo, Tancredi no soporta los amores felices de los demás, aunque conoce a las mujeres, las observa, las escucha y logra siempre hacer realidad los sueños de ellas o, por el contrario, destruir lo que ellas consideran la felicidad.

Sofia, una promesa internacional de la música, pianista refinada y muy buena, desde pequeña se ha desafiado a sí misma al teclado del piano, abordando composiciones dificilísimas hasta que, de mayor, se encuentra frente a una tragedia de la que es causa involuntaria. Su novio, Andrea, es víctima de un accidente de tráfico que lo deja inválido. Éste será su nuevo desafío. Se siente culpable, renuncia a su carrera, pero la esperan nuevas sorpresas. Nada es como parece y, sobre todo, nada es como estaba decidido. El encuentro de Sofia y Tancredi cambia las tornas. El amor, como siempre, puede revolucionar lo que parece el destino establecido de una vida...

Eligió una historia distinta porque cree que a los jóvenes también podrían gustarles estos dos personajes, una historia adulta en la que proyectar sus sueños, sus expectativas para el futuro, en lo bueno y en lo malo. Una trama sólida. Además, para él cada nuevo libro es un desafío maravilloso, un modo de experimentar nuevos matices del amor, que puede transformarse de mil maneras distintas.

El Moccia Tour y el contacto con los fans.

¡Se siento en verdad emocionado y feliz!

Cada vez que tiene ocasión de conocer de cerca a las personas que han leído sus libros o han visto las películas es para él un regalo inmenso porque puede por fin sentir en vivo todas sus emociones. Hay contraste de ideas, hay intercambio y es precisamente eso lo que le ayuda a mejorar y da sentido al trabajo que ha realizado. Uno no escribe una historia para tenerla guardada en un cajón, sino para compartirla con las personas más dispares con el fin de crear poco a poco un arcoíris de sugerencias nacidas de las múltiples lecturas. Esta hermosa iniciativa le permite volver a este país que le acoge una vez más con calor y amabilidad, como lo ha hecho siempre.

Así podrá ver si el trabajo que ha realizado ha sido apreciado y de qué manera, y podrá encontrar nuevos estímulos para nuevas historias.

Un día normal para Federico Moccia.

Se despierta bastante temprano, les da dos besos bien fuertes a su mujer y a su hijo, toma un desayuno sustancioso, de esos bien azucarados, y pone rumbo a la oficina en scooter, esquivando el tráfico de Roma.

Se divierte mirando todas las escenas que se desarrollan en la calle: un hombre nerviosísimo aguardando a que cambie el semáforo, una mujer que espera el autobús, una mamá que lleva a su hijo al colegio, un gato que reclama algo de comer ante la puerta de un bar. Ver cómo se despierta su ciudad y despertarse con ella. Después, el trabajo, las llamadas telefónicas, las reuniones. Y a menudo, por la tarde, sale hacia alguna ciudad para presentar su libro, conocer gente, emocionarme.

Cuando puede, juego también un partidito de fútbol ocho con los amigos, que nunca hace daño, ¡o se toma una pizza estupenda en los buenos restaurantes de los que luego habla siempre en los libros!

Su familia.

La familia para él es fundamental. Es una referencia, un estímulo, un intercambio de ideas, un desafío, un refugio. Y cree que la mejor manera de sintetizar su gratitud hacia todos ellos es citar un fragmento de una canción de Giorgio Gaber, famoso cantautor italiano: «Y creces en familia entre los besos y las caricias que acunan tu sueño y tus primeras certezas. Y en la quietud de una vida contenida en unas pocas habitaciones se van definiendo las primeras frágiles alianzas. Y el temor de equilibrios inciertos te aconseja cómo comportarte y se da ya la ambigüedad del juego de las partes
la familia es una excusa para amar y dejarse amar, te deja algunas huellas que ya no puedes borrar.» Es una canción que le ha gustado siempre mucho porque le parece particularmente cierta. Su familia es divertida, pintoresca y pragmática. Lleva en la sangre a Roma y sus tradiciones, además de muchas otras cosas. Le ha enseñado a ser él mismo sin avergonzarme nunca de lo que siente mi corazón y espera poder transmitirle también esa enseñanza a mi hijo.

Esta muy contento de tener una familia como la suya porque ha tenido la suerte de sentirse amado. El amor es lo más importante para el crecimiento de un muchacho y cree, de algún modo, que el amor también ayuda a recordar, a tener buena memoria. Echa mucho de menos a mi padre, era un amigo, un compañero de trabajo, un maestro, un confidente, una de las pocas personas que sabía cómo tomarle el pelo y cómo tratarle. Con él se sentía seguro. Le gustaba contarle sus proyectos y aunque se equivocaba sabía que, mientras él estuviera ahí, le estaba permitido.

Escribió el breve relato El paseo pensando en él, pero es consciente de que las palabras nunca podrán ser bastante. Ahora tiene un hijo y después de reír y bromear con él, cosa que le gusta muchísimo, se da cuenta de que añora a su padre. Imagina todas las cosas que no recuerda y que su padre vivió con él cuando eĺ era su hijo pequeño, como ahora lo es para él su niño...

Fenómeno Moccia


Lo vive bien porque le gusta la gente. La gente de todo el mundo es además estupenda. Este éxito le ha hecho sentir por primera vez en su vida que pertenecía realmente al mundo, que formaba parte de él de una manera muy intensa... Sobre todo cuando viene a España siente una emoción fortísima, ¡se da cuenta de que las historias que ha contado son efectivamente de todas las parejas españolas de todas las edades! Cuando esta con sus amigos españoles se da cuenta de lo que estas historias saben provocar, de la pasión con que las leen. Quizá porque sienten que son sus historias. Pero en general le gusta muchísimo que la gente, cuando está con él, pueda verlo como un amigo, como alguien que
ha compartido con ellos momentos de soledad a través de las palabras.
Sus libros han contado el final de una historia, el momento más doloroso, pero también el principio del amor, ese encontrarse a tres metros sobre el cielo, que me parece la cosa más bonita del mundo... Me acuerdo de que una vez, dos semanas después de que saliera el primer libro A tres metros sobre el cielo, y estaba yo en la calle, en Trastevere, esperando a unos amigos con los que había ido a cenar, pasó una chica que me saludó: «¡Hola!» Yo me la quedé mirando unos segundos y luego le sonreí y le dije: «Perdona, pero en este momento no me acuerdo, ¿de qué nos conocemos?» «No, no... —me respondió ella—. ¡No nos conocemos! Pero sé quién eres. Eres Federico Moccia, y me has hecho soñar...» Y luego se marchó sin más... Pero precisamente ella, con esas palabras suyas, me hizo comprender por vez primera que A tres metros sobre el cielo era el éxito. Porque el éxito es eso: hacer soñar. El éxito es hacer soñar no sólo a aquella chica cuyo nombre desconozco, el éxito no es cuánta gente te lee, sino el simple hecho de que alguien haya experimentado unas emociones.

Y me siento asombrado y feliz de ser de algún modo un amigo para tantos chicos y chicas. Los jóvenes son intensos, están llenos de emociones, de preguntas, de respuestas que buscar, de dudas y de voluntad. Son un universo magnífico en evolución. Yo no hago más que observarlos. Con respeto, dispuesto a dejarme sorprender cada vez más. Viviendo. Mirando a mi alrededor. Escuchando a los demás. Existen, son reales. Por eso, además, muchos chicos y chicas se reconocen en mis libros y muchos padres ven a sus hijos, ven lo que éstos no desvelan, en las páginas que escribo. Creo que los jóvenes, desde siempre, independientemente de la época, no desean más que comunicar e intercambiar ideas. Ya usen una carta, una paloma mensajera, un e-mail o un sms... El amor es en verdad el motor del mundo. Nos enseña a construir, a compartir, a dar valor a aquello que demasiado a menudo se nos escapa. El amor hace que todo sea maravilloso e importante. No hemos nacido para estar solos, para encerrarnos en nosotros mismos, para rechazar a los demás. El amor es sonrisa. Incluso cuando lloramos. Y la sonrisa es un valor: no significa sólo curvar los labios hacia arriba, sino tenerla dentro. Una sonrisa que brota del vientre y sube hasta la cara para después volar hacia los demás.

Una sonrisa que se contagia. Nacida de la capacidad de vivir serenamente la vida, sin envidias. Estar celosos de los demás, señalarlos con el dedo, hacernos las víctimas no sirve para nada, es tan sólo un gran desperdicio de energías. Y los jóvenes lo saben muy bien. Somos nosotros quienes con frecuencia lo olvidamos. Y les contagiamos negativamente. Y también saben que hay que ser siempre curioso, sin dejar nunca de aprender. Cada experiencia, tanto si es bonita como si no lo es, constituye una lección.

¡¡¡Esto es algo que los jóvenes tienen muy claro!!!